Rubalcaba, The Walking Dead

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Hay que admitirlo: que se empiece a sacar trapos sucios y competir por ser el menos limpio es muy español. Quizá incluso demasiado. Sólo hay que ver nuestro panorama político para entender el concepto: en otro país cualquiera, el gobierno principal, frente a la decena de casos de corrupción, las medidas antipopulares y los recortes desmedidos, se hubiese tenido que enfrentar a una oposición que en pocos meses le habría comido suficiente terreno como para hacer temer su puesto en el futuro. Es lo que normalmente suele pasar en el resto de los países, pero no España: en un decadente caso,  tanto el jefe de la oposición como su partido tienen menos apoyo y confianza que el ya denostado partido gobernante.

A Rubalcaba no paran de estallarle cosas en la cara: el ascenso y caída de Beatriz Talegón, provocado por poner en entredicho su acción en el partido socialista; el apoyo del PSC al referéndum de Mas; las primarias en el PsG sin su permiso, o los tratos con un acosador sexual que se han dado en Pontevedra. Por si fuera poco, le crecen los enanos: no hay más que ver el revoloteo que han formado en las últimas semanas tanto Carme Chacón como Tomás Gómez, a los que dábamos por más muertos que el propio Rubalcaba.

Otra cosa muy española es no dimitir nunca, el “yo no me voy de aquí si no es con los pies por delante”. Sin embargo este caso no se ha dado. Rubalcaba hace tiempo que impregna cada lugar que visita de un fuerte hedor a cadáver. Su partido no le apoya ni le tiene en cuenta a la hora de tomar ninguna decisión: lo lleva arrastrando de lado a lado, cual Cid en Valencia, mientras se hurgan las heridas entre ellos, aprovechando el partido de poder. El pueblo no le apoya y su palabra no tiene ninguna credibilidad: Rubalcaba es un muerto político. Y muy dañino para la salud de España.

España necesita en su política un contraste con fuerza al neoliberalismo del Partido Popular. Una alternativa que ponga en aprietos a Mariano Rajoy y no le deje a sus libres anchas. Rubalcaba no es y ni será ese hombre: el PSOE ha decidido tirar sus opciones de volver a gobernar llevando un ritmo de decrecimiento similar al que está teniendo el Partido Popular. ¿Hasta cuándo durará el cadáver de Rubalcaba? ¿Quién será el Rick Grimes que acabe con el zombie que dice gobernar el Partido Socialista? Entre tanto, las opciones pasan y no son aprovechadas. El panorama no va cambiar. Y pese a la posible indiferencia que nos pueda causar quien gobierna un partido tan alicaído como el PSOE, somos nosotros los que en realidad portamos el cadáver, y quienes salimos perdiendo con él.

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