Audrey Hepburn, elegancia y tristeza

”Estoy orgullosa de haber estado en un negocio que de placer, cree belleza, despierte nuestra conciencia”

Audrey nace durante el crac del 29 al sur de Bruselas, en el municipio de Ixelles. Fue hija única del inglés Joseph Ruston y de su segunda esposa, la baronesa Ella Van Heemstra, una aristócrata de la Guayana Holandesa. En el 35 sus padres se divorcian y su padre, simpatizante nazi, abandona a una Audrey que afirmaría entonces haber vivido ‘’el peor momento de su vida’’.

Su padre, un inglés con mucho mundo y poco éxito como banquero, era un fascista convencido, de lo que Audrey se dio cuenta más tarde. Hasta entonces, ella le admiraba, aunque él abandonó a la familia cuando sólo tenía seis años. Años más tarde, lo localizó en Berlín y le ayudó económicamente hasta el día de su muerte.

En 1939, Audrey se trasladó a la casa de sus abuelos en Holanda, un lugar seguro para evitar al ejército nazi. Allí fue donde estudió piano y ballet. Un año después de comenzar la guerra, empezó a actuar en un mundo dañado por las consecuencias: ‘’era una forma de conseguir dinero para la gente que más lo necesitaba, porque había mucha violencia’’. Con 11 años ya trabajaba para la resistencia con el correo y, con 27, participó en una de las primeras películas holandesas de posguerra.

Durante su juventud, Audrey sufrió la Segunda Guerra Mundial y, para evitar que sus orígenes ingleses se revelaran, su madre le obligó a hablar holandés. Desde ese momento aprendió a hablar perfectamente inglés, francés holandés e italiano. Estudió para ser bailarina, pero la guerra le causó estragos así que, pese a seguir estudiando y practicando, Audrey tuvo que elegir una nueva profesión, la de actriz.

La fuerza emocional que la motivaba a ayudar a la gente procedía de su niñez. El dinero que recaudaba lo donaba a la resistencia holandesa, sobre esta época dijo más adelante que era el mejor público que había tenido: ‘’no hacía ni un solo sonido al terminar la actuación’’. Las carencias alimenticias se hicieron patentes y Audrey sufrió anemia y problemas respiratorios.

‘’Vimos fusilamientos. Vimos a hombres jóvenes ponerse contra la pared y ser tiroteados. Cerraban la calle y después la volvían a abrir y podías pasar por ese mismo lugar. Tengo marcado un lugar en el diario, en el cual Ana (Frank) dice que han fusilado a cinco rehenes. Ése fue el día en que fusilaron a mi tío. En las palabras de esa niña yo leía lo que aún sentía en mi interior. Esa niña que había vivido entre cuatro paredes había hecho un reportaje completo de todo lo que había vivido y sentido’’.

Del estudio al cine

Vacaciones en Roma fue la primera producción importante que la convertiría en uno de los mayores mitos del siglo XX. Su primera película en Hollywood se convirtió en un símbolo, pero su mito va más allá de las estrellas de cine. Audrey se crea así misma en los años sesenta y setenta.

Gregory Peck afirmó en su momento que se consideraba uno de los hombres más afortunados del mundo por haber rodado con Audrey su primera película, ”pasamos diez meses fantásticos en Roma, fue en 1950’’.

Algunos recordarán la historia de la princesa que viaja a Roma y se escapa para olvidar sus deberes reales. Allí conoce a un periodista con el que pronto deberá sacrificar su amor. Desde luego, no hay ninguna duda de que la princesa se convirtió en reina, y no solo en la gran pantalla. ‘’Audrey fue una actriz inteligente y con talento, una amiga encantadora y sensible, una de las personas que más he querido en mi vida. ‘’

Los productores en un primer momento querían a Elizabeth Taylor para el papel protagonista, pero el director, William Wyler, quedó impresionado por la prueba de cámara de Audrey, en la cual se dejó la cámara quieta y le empezaron a realizar una serie de preguntas mientras ella no sabía que la estaban grabando. Sus respuestas y sinceridad demostraron su enorme talento y Wyler no dudó en contratarla: ”Tiene todas las cosas que busco: encanto, inocencia y talento. Además, es muy divertida, es absolutamente encantadora”.

Representaba todo lo que tenía que ver con lo emocional más que con la atracción sexual, de modo que gustaba por igual a hombres y a mujeres. Su peculiar estilo procedía de dentro; Billy Wilder dijo que Dios le había besado en la mejilla, porque ‘’la cámara la enfocaba y, de repente, había magia’’.

A los 25 años alcanzó el éxito. Con Vacaciones en Roma se convirtió en una estrella de la noche a la mañana. Una sorpresa comparada con las actrices que salían en las revistas. Audrey tenía algo que la hacía única. ‘’Pero, además, era una mujer muy modesta, jamás fue vanidosa y siempre se sintió afortunada por lo que tenía. Ella supo vivir a su modo.’’

Billy Wilder reconoció su potencial en seguida y le dio el papel protagonista en Sabrina junto a Hamphrey Bogart y William Holden. Los dos actores no se llevaban bien en la vida real y el rodaje se convirtió en una pesadilla; Audrey tuvo una historia con William Holden fuera de las cámaras, hasta que se dio cuenta de que él no podía tener hijos, la relación llegó a su fin inmediatamente porque lo único que quería tanto como ser actriz, era ser madre.

Para la comedia de Wilder, Audrey fue enviada al diseñador Hubert de Givenchy para que decidiera su vestuario en la película. Cuando le dijeron que ”Miss Hepburn” venía a verlo, pensó en Katharine Hepburn, no en Audrey. En un primer momento rechazó vestirla pero al final rectificó. Desde entonces, mantuvieron una fuerte amistad durante el resto de sus vidas. Hubert decía de Audrey que no sólo era una mujer hermosa sino que también sabía seducir, ”de hecho tenía un gran poder para ello’’. Tras diseñar todos los vestidos para la película, esta se estrenó con gran éxito. Y después empezó a trabajar en Una cara con ángel, desde entonces Audrey pidió que siempre la vistiera Givenchy en todas sus películas.

Menos es más, el look givenchy de Hepburn revoluciona Hollywood, ‘’el tiempo de las actrices voluptuosas ha pasado’’, afirma de nuevo el cineasta autriaco, Billy Wilder.  Tras su tercera película, Audrey ha pasado de ser una curiosidad europea a una sex-symbol del cine norteamericano. Fue ella quien cambió a la industria, no al revés, y fue así durante muchos años.

Connie Wald, amiga incondicional de Audrey afirmó en una entrevista: ‘’Cuando pienso en las actrices actuales veo que no hay ninguna que tenga la presencia de Audrey. Una presencia que ella creó sin esfuerzo alguno. Que Hubert la vistiera fue un acierto. A ella le gustaba la sencillez, ese fue un buen legado. Una estrella emite luz propia, y es cierto, no es algo que se pueda decir de todo el mundo.’’

Desayuno con diamantes la convierte definitivamente en una estrella mundial. El papel de Holly Golighty convierte su estilo y sus gestos en leyenda. El resultado final pareció no haber sido del gusto de Truman Capote, quien hubiera preferido contar con una sexy Marilyn Monroe para el papel protagonista. Todos suponen entonces que el personaje de Holly requiere un físico y un carácter diferente, sin embargo, Audrey le da un toque especial y consigue que la comedia que aflora en la película se tiña también de melancolía.

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Se podría decir que el personaje era muy diferente, mucho más divertido, más excéntrico que los que había interpretado antes, y por eso nos podíamos permitir cosas más arriesgadas y locas porque la cosa lo requería. Audrey que ya conocía la historia y el personaje, porque había estado trabajando en él, trabajo con el director y Hubert para decidir qué tejidos y bordados irían mejor teniendo en cuenta la luz, los accesorios: ‘’me resultaba muy divertido pensar en una mujer con un vestido de noche y gafas de sol’’. Y ahora en los desfiles de moda, todas visten igual. Así que podríamos decir que Hubert y Audrey fueron unos innovadores. Pero ellos tenían un contexto: esa mujer que viene de una fiesta y desayuna frente a los escaparates de la joyería Tiffany’s. Sin embargo, Audrey Hepburn sigue siendo una niña melancólica, muy influenciada por la guerra, con miedo a sufrir nuevas heridas, por eso sólo admite la amistad de aquellos que considera que no van a hacerle daño o utilizarla.

Robert Wagner, con el que actuó en Pluma Blanca, fue uno de sus pocos buenos amigos en Hollywood. ‘’Cuando entraba en el estudio era evidente que todos, desde el portero, pasando por los electricistas y las costureras… todos la adoraban y la querían tal como era. porque se paraba a charlar con todos y se preocupaba por ellos. Para mí trabajar con ella fue la guinda del pastel’’.

En Cómo robar un millón, Audrey pasa de ser una estrella de cine y se convierte en un icono cultural. La película es casi una parodia del estilo Audrey Hepburn que por entonces influye mas en la moda y se espera de ella que aparezca con un determinado aspecto. A estas alturas, las cualidades de la artista están más presentes que nunca.

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Robert Wagner decía que jamás le pareció que Audrey actuara, ‘’creo que se limitaba a ser ella misma: asimilaba todo el material y después aportaba rasgos de su carácter, sobre todo su sinceridad y ganas de aportar todo a su trabajo. Jamás me pareció que actuara, jamás.’’ El ser capaz de leer un guión por primera vez, y aportar toda su frescura, eso es talento.

Durante Guerra y paz, la novela de Tolstoi llevada al cine, Audrey estaba casada con el actor Mell Ferrer. ‘’Era la mujer perfecta para el matrimonio, el problema fue que proyectaba sus propios deseos en los hombres, esa ansia de cariño, se decía a sí misma ‘’creo que somos una especie de gemelos espirituales’’, afirma su hijo Sean Hepburn en una entrevista para el New York Times. 

Audrey se siente culpable del matrimonio anterior y se traslada a Italia con su hijo Sean, quiere demostrarse a sí misma que esos sentimientos que ha estado buscando toda su vida pueden aflorar junto a otra persona. Pero su actual marido le es infiel, y de nuevo la hieren profundamente. Cuando su matrimonio con Andrea fracasó, un día le preguntó a su hijo Sean: ”¿las personas pueden cambiar?”, este quería darle esperanza y le dijo que sí. En 1982, Audrey se vuelve a separar, y cuanto más le hieren a ella, más necesidad siente de demostrar su amor hacia los desamparados. Lo que siempre he tenido y que quizás naciera con ello, es un profundo amor por la gente, por los niños.

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Harry Belafonte, amigo de Audrey hasta su muerte, no creía que fuera una mujer feliz, porque siempre le acompañaba un sentimiento de tristeza por la desgracia ajena, ”tenía una humanidad y solidaridad que resultaban sobrecogedoras”. Robert Wolders, su compañero afirmaba también que ‘’las manifestaciones de sus emociones eran demasiado fuertes desde mi punto de vista, viví con ella 14 años y debí acostumbrarme. Cuando veo sus películas me conmueve tanto que rompo a llorar. Es como si la personalidad de Audrey se reflejara en todas ellas. Su crisis de fe, la angustia, y ese miedo. Todo eso era de Audrey. Siento una terrible sensación de perdida y soledad cuando la veo en Historia de una monja.’’ En ninguna otra película ha quedado plasmada tan fielmente lo que era, su propia vida, su personalidad, sus deseos no cumplidos… al fin y al cabo, fue una mujer marcada por la guerra.

La tristeza que la gente atribuye a Audrey formaba parte de su atractivo, ese aspecto melancólico de su personalidad, ¿de donde venía? La marcha de su padre y los años de guerra tuvieron mucho que ver, y la constatación de que hay muchas cosas en le mundo que van mal, ya que se apenaba mucho por los demás. Se traslada con Luca, hijo de Andrea Dotti, y Sean, a una villa alemana, su escondite favorito. Los muros del siglo dieciocho actuaban como una pantalla protectora. Un lugar que no cambiaría por nada. Gracias al dinero que ganó por actuar en el musical de La Primera Dama pudo pagar ‘’La Apasible’’.

Givenchy: ‘’Cuando Audrey intervenía, su aportación siempre era inteligente, procuraba dar a su papel mas imaginación. Por eso, en cada película siempre estaban presente sus ideas y emociones, era una actriz muy completa, podría intervenir en tragedias como Historia de una monja o en la que hace de ciega, o interpretar a Shakespeare, cantar en una comedia musical…” Sola en la oscuridad, es una de los mejores trabajos de la actriz, le otorgaría en ese entonces su quinta nominación a los Óscar. Durante el rodaje adelgazo muchísimo, por los esfuerzos y por los problemas con su esposo. El rodaje se convierte en un infierno por la dificultad que suponía el guión, sin embargo, ahora sabía con plena certeza que podría rodar lo que quisiera.

No obstante, no rodaría una película durante los ocho años siguientes. No es fácil ser actor porque tienes que mostrar mucho como persona. Pero bajo eso existe la necesidad de mostrarlo. Por ello, en 1976 Hepburn vuelve a la pantalla con Robin y Marian. Una historia bonita muy bien escrita.

Audrey tenía la capacidad para demostrar en la pantalla que era una mujer valiente fuera de ella. Jamás perdió la esperanza en su vida personal, a pesar de todas las vueltas que pudo dar. Le dolía todo lo que experimentaba, pero jamás la perdió. En esto se parece a otro mito eterno, la voluptuosa Marilyn, quien era puro instinto, algo que le hacía profundamente infeliz. Una imagen que escondía un alma que pocos sospechaban. De gran belleza, un alma que la psicología barata calificaría de neurótica, como se puede calificar de neurótico a todo el que piensa demasiado, a todo el que siente demasiado.

En sus misiones como embajadora de UNICEF, Audrey encuentra esas emociones que siempre había buscado. A su vuelta, le dijo a Givenchy que había vuelto del infierno. Por aquella época estaba enferma, y ese trabajo que hizo para para la organización no le ayudó en nada. Para ella fue una experiencia destructiva. Aquellas escenas de hambre y sufrimiento fueron demasiado para una estabilidad emocional que rozaba el límite. Tres meses después, Audrey murió.

‘’Siento una gran rabia y una gran cólera, no creo en la culpa colectiva pero si en la responsabilidad colectiva’’ Audrey Hepburn 

”Su reacción al caer enferma fue asombrosa, porque lo único que le preocupaba de verdad éramos sus hijos y yo, su familia. No se quejaba casi nunca, solo del dolor. No renegaba de haber enfermado, solo decía, ”¿y por que no yo?” Llego a decir que fue la mejor época de su vida porque estaba toda su familia unida”, afirma su hijo Sean. Durante aquellos meses no se separaron. Murió tres semanas después de Navidad.

En noviembre de 1992, antes de morir, Audrey volvió por ultima vez a Los Ángeles. Se recuperó en casa de su amiga Connie Wald, allí decide despedirse de sus mejores amigos. Todo el mundo estuvo a su lado. Y todo acabó rápidamente. La familia recibió unas 25.000 cartas durante las ultimas semanas. A partir de ese momento, por fin, Audrey fue libre.

Moon river, wider than a mile
I’m crossin’ you in style some day,
Old dream maker,
You heartbreaker …
Wherever you’re goin’,
I’m goin’ your way.

Two drifters, off to see the world
There’s such a lot of world to see
We’re after the same rainbow’s end
Waitin’ ‘round the bend …
My huckleberry friend,
Moon River, and me.

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