El cine español, al borde del abismo

La crisis económica: el principal enemigo

La crisis económica general afecta también, como no podía ser menos, al cine español. La legislación sigue siendo la misma por el momento, pero los drásticos recortes del Fondo de Protección a la cinematografía, han teñido de miedo y de pesimismo las expectativas de una industria que se mueve entre la perplejidad y la impotencia; lo que si materializa el notable descenso de la producción de los cien largometrajes del año pasado a una docena escasa de rodajes en marcha en lo que llevamos de año. Un retraimiento que cifra sus esperanzas en el incremento de las excepciones fiscales mediante la anunciada nueva Ley del Mecenazgo y el esclarecimiento del papel que jugarían las televisiones en el futuro, en especial TVE, que por el momento se encuentra en una situación tan incierta como el de la propia industria cinematográfica que demanda su colaboración. Mientras tanto, los productores de toda la vida esperan, con pesimismo contenido, el desbloqueo de la situación mientras otros anteponen los valores culturales a los industriales y apuestan por vías imaginativas necesariamente alternativas.

El cine español tiene una gran importancia para conocer la evolución histórica de la sociedad en España. Además, no solo ha sido durante décadas un entretenimiento de masas, sino también un documento histórico de primer orden. Ocupa actualmente, y de modo general, una posición secundaria a nivel mundial si se compara con el cine producido por los países anglosajones, sobre todo Estados Unidos, destacando principalmente por la figura de Luis Buñuel y los esporádicos éxitos internacionales de directores como Juan Antonio Bardem, Luis García Berlanga, Carlos Saura, Mario Camus, Pedro Almodóvar o Alejandro Amenábar.

Pero lo cierto es que, a nuestro pesar, la crisis que ha impregnado nuestro panorama cinematográfico no solo se debe a una cuestión económica, sino a una cuestión de educación, de cultura. ¿Es culpa de los cineastas por hacer un cine enfocado al extranjero? ¿Tiene el excesivo coste de las entradas algo que ver?

Durante muchos años el cine español fue estigmatizado con el término “españolada” con que se obsequiaba cualquier muestra de nuestra producción cinematográfica. Es cierto que las posturas oficiales, la férrea censura ejercida desde el poder e incluso el ambiente general llevaría a que en las célebres “Conversaciones de Salamanca” de 1955, el cineasta Juan Antonio Bardem definiera el cine español como: “políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico. ”

Quizás no todo esto fuese muy exacto pero el daño estaba ahí y la cosa no fue mucho mejor en los años siguientes, pues si durante la época franquista los índices de audiencia del cine español eran ciertamente altos, con los cambios que vinieron tras los primeros años de la apertura, con su correspondiente síndrome del “destape” y un cine rudimentariamente “progre” o pseudo-político, el desinterés del público se fue haciendo cada vez mayor.

No ayudaron demasiado la política de subvenciones y ayudas de todo tipo a la producción. Los índices de audiencia eran cada vez más raquíticos llegando a unas medias de entre el 8 y el 13 % anuales en los últimos años. Mientras que en Francia y algunos países del entorno europeo sus películas seguían atrayendo a las salas a gran cantidad de público aquí eran raras las que pasaban cada año de los cien mil espectadores.

Y en eso estamos. ¿Por qué ese desinterés hacia nuestro cine? ¿Acaso no es el que nos habla de nuestros problemas, de nuestras inquietudes, de nuestra peculiar manera de ser? ¿Se trata de una herencia atávica de otros tiempos o es simplemente falta de interés ante lo que se nos propone? Decía Larra que “escribir en España es llorar”, quizás se podría cambiar la palabra escribir por hacer cine. ¿Hacer cine en España es llorar? ¿Acaso existe alguna maldición especial sobre nuestro cine.

Sin embargo, aunque parezca un contrasentido, este cine ha ido evolucionando al ritmo de los tiempos y hoy nuestros actores, nuestros técnicos, nuestros directores, son reconocidos internacionalmente y triunfan más allá de nuestras fronteras. Incluso es mayor el número de espectadores de las películas españolas fuera de España que dentro del país. Sería hora de analizar en profundidad esa falta de atención de nuestro público y el amplio desconocimiento hacia la verdadera historia de su cine. Porque, sin duda, no todo fueron pretenciosos dramas históricos o rurales, comedias sin interés o las consabidas películas trufadas de números folklóricos. Incluso es posible rastrear innovaciones interesantes en films que fueron desdeñados en su día.

Cuestión de confianza

¿No gustan entonces al público español películas como La voz dormida o Blackthorn? Más bien, la pregunta no debería referirse a un tema de preferencia, de gusto, sino de confianza. ¿Confía el público español en las películas producidas en nuestro país? Y entonces la respuesta será más rotunda y más acertada al decir que, en general, no. Y por eso no pueden llegar a gustar porque, de primeras, ni siquiera se les ha dado esa posibilidad.

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Los españoles seguimos sin confiar en la calidad de nuestro cine y, por tanto, no elegimos uno de estos títulos frente a la amplia oferta hollywoodiense. Cambiar la percepción compartida socialmente sobre el cine es una labor complicada que no termina de culminar, y a la que la piratería ha puesto en estos tiempos las trabas de un cada vez menor respaldo económico en la taquilla.

Miguel Payán, crítico cinematográfico y periodista, llega a la conclusión de que ‘’es un tópico decir que en España la cultura no interesa para justificar que el cine que se hace no es capaz de tratar con su público. Como suele decirse, es echar balones fuera’’

 ¿Por qué no interesan las películas españolas en el ámbito nacional?

En primer lugar el problema no es sólo del cine español. El problema es que en Europa no se ve cine europeo. Lo único que se ve a todas horas, con el grifo abierto a tope como en una ducha fresquita en pleno mes de agosto, es cine norteamericano. A chorro.

¿Se ha acostumbrado el público español al cine estadounidense? 

Las películas españolas no interesan al público de aquí porque no piensan en nuestro público. Y si no piensas en tu público, tu público pasa de ti. Esto del cine es una industria, un negocio que a veces cobija al arte y otras veces sirve de cobijo para que algunos ególatras muy presumidos y aburridos, empeñados en ejercer de intelectuales, te cuenten su historia, que sólo les interesa a ellos. Incluso la mayoría de los padres de estos monstruos prefieren ver un partido de fútbol o la última edición de Gran Hermano. Esto es una industria donde, como consecuencia de lo anterior, el primer cliente no es el espectador que paga su entrada en taquilla, sino aquellas instituciones que sueltan el óbolo de la subvención.

El público no tiene culpa de nada. Simplemente se gasta su dinero en lo que le da la gana. No va a ir al cine a ver lo que le recomiende el ministro de cultura de turno, por lo menos hasta que no vivamos en una sociedad despótica como la descrita por George Orwell en su novela ‘’1984’’. El público es el que se saca la cartera delante de la taquilla y paga la entrada para ver lo que más le apetece. Y se ha demostrado que cuando la película española piensa en el público, lo respeta, lo tiene en cuenta, trabaja sobre los géneros, puede funcionar en la taquilla. El público no se ha acostumbrado al cine norteamericano, se ha acostumbrado a pagar para ver algo que le interesa, sea de donde sea. Lo que no le interesa simplemente no lo paga. No es el público el que tiene que buscar al cine español, es el cine español el que tiene que buscar a su público.

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¿Hay verdadera inquietud por la cultura en España? 

La excepcionalidad cultural está muy bien, pero en Francia, que es el país europeo que mayor número de películas por año produce y además ha conseguido encontrarse y atraer a los espectadores franceses, trabajan con la excepcionalidad cultural, pero también tienen en cuenta al público. Ambas cosas. No sólo la primera.

España no somos más burros que en otro cualquier país europeo porque los que se dedican a hacer cine en España sean particularmente incapaces de encontrar la manera de captar y convencer a su público. Faltaría más. Lo que ocurre es que en nuestro país a veces la cultura se maneja como herramienta de adoctrinamiento político, y el personal no está por la labor de pagar para que además le suelten un discurso o le miren por encima del hombro como si nada. Es un tópico decir que en España la cultura no interesa para justificar que el cine que se hace en España no es capaz de tratar con su público. Como suele decirse, es echar balones fuera.

La pregunta no es si a la gente le interesa la cultura o no, sino más bien: a/¿es todo el cine español que se produce cultura? (te contesto yo: NO); b/¿no es el cine evasión antes que cultura? (vuelvo a contestarte yo: SÍ); c/¿cómo le gusta evadirse a los espectadores españoles? (esto, lamentablemente, no te lo saben contestar quienes deberían interesarse por encontrar la respuesta, que son los que hacen el cine español, pero te puedo dar una pista: el 90 por ciento de los espectadores, en España, Francia, Alemania, en el país de los pitufos, en la aldea gala de Asterix, en la selva de Tarzán de los monos o en la última esquina de la galaxia más lejana imaginada por George Lucas, va al cine a evadirse, no a pensar, y no busca cultura cuando va al cine, busca distracción, emoción y diversión).

Todo lo anterior es para empezar a hablar, esto es, para empezar a construir una industria cinematográfica fuerte, que atraiga al público español. Luego ya llegará el momento de plantearse el debate del cine como cultura. Primero el cine español debe ser industria. Luego debe ser cultura Por ese orden. No hay otro. Intentar hacerlo al revés es construir la casa por el tejado.

Pueden seguir intentando hacer cine a su manera, y la gente seguirá gastando su dinero en ver películas de otro sitio, o de aquí, pero hechas por gente que piensa primero en el público, y luego en todo lo demás.

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En definitiva, es difícil luchar contra los mitos pero es hora de empezar a construir una industria cinematográfica fuerte, que atraiga al público español. Luego ya llegará el momento de plantearse el debate del cine como cultura.

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2 comentarios en “El cine español, al borde del abismo

  1. Un post muy interesante. Es cierto, tal y como indicias, que “Lo único que se ve a todas horas, con el grifo abierto a tope como en una ducha fresquita en pleno mes de agosto, es cine norteamericano”. Algo que nunca he logrado entender es por qué podemos gastarnos dinero en ir al cine a ver una de las denominadas “americanadas” sin que nos duela, y en cambio, somos incapaces de hacer lo propio con las películas españolas. Tal vez este hecho esté relacionado con la forma de ser que tenemos los españoles…sólo hay que pensar en el fútbol. Nadie ha confiado en la Selección Española hasta que ganó la Eurocopa, y más tarde, el Mundial. Nadie confía en el cine español, y para conseguirlo. Algo “grande” debe suceder para que se de ese cambio (¿un Oscar que vaya más allá de Almódovar, Penélope Cruz o Bardem?).
    Por otra parte, si bien es cierto que la crisis está perjudicando gravemente al cine español, considero que simplemente perjudica, lejos de ser la principal causa de sus males. Durante muchos años, el cine español ha tendido a ser monotemático, y parece que no nos dignamos a perdonar. No obstante, en los últimos años se está tendiendo al cambio, motivo que me hace confiar en el cine español, que seguro sabrá reinventarse y adaptarse a su público.

    Un saludo.

    • Es cierto eso que dices de que es necesario una acción que abra los ojos para que los españoles comencemos a creer en nuestro cine, y abramos ese grifo que lleva décadas cerrado. Hay mucha gente con talento a la que no dan oportunidades, hay muchos Bardem y Cruz por nuestro territorio pero muy pocas personas que se detienen a admirarlos. El cine español tiene su propia crisis y, a nuestro pesar, no es nada nuevo. Pero. Confiemos.

      Muchas gracias por tu comentario, un saludo!

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