BILLY WILDER II

PERDICIÓN, 1944

Considerada por Woody Allen como la mejor película que jamás se haya hecho en Hollywood, Perdición fue la primera (y única) aproximación directa al cine negro por parte del director austriaco. Con esta adaptación de la novela de James M. Cain, Wilder recibió la ayuda del escritor y guionista Raymond Chandler (Extraños en un Tren). En Perdición, el agente de seguros Walter Neff (Fred MacMurray) se alía con su cliente Phyllis Dietrichson (Barbara Stanwyck) para matar a su marido y cobrar de esta manera un cuantioso seguro de accidentes, en un plan que no debe tener ni el más remoto fallo, pues el jefe de Walter e investigador de la compañía de seguros, Barton Keyes (Edward G. Robinson), podría descubrir el fraude.

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Perdición es cine noir puro con el que Wilder hace lo que quiere: cuenta la historia en un flashback larguísimo con la voz en off de MacMurray; separa la historia en dos partes muy diferenciadas entre sí, engrana a la perfección toda la trama y, como guinda del pastel, crea a uno de los mayores mitos del cine, el personaje de Phyllis Dietrichson, con Barbara STanwyck convirtiéndose en la femme fatale por excelencia del séptimo arte. Inolvidable su aparición bajando las escaleras con un primer plano enfocando a sus piernas.

La historia crece conforme va avanzando en el metraje gracias a un magnetismo único, dotado de una atmósfera encandiladora que te introduce dentro de la historia. Los diálogos son asombrosos, el guión es perfecto cual reloj suizo y la intriga se llega a tornar tan desasosegante que impide incluso la correcta respiración. Perdición cuenta con escenas ya inmortales del Cine, como Barbara Stanwyck bajando las escaleras de la forma más sexual posible mientras la cámara hace especial hincapié en su pulsera de tobillo en una brillante metáfora, o el protagonismo de un cigarro y el marco de una puerta en el excepcional final.

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Fue nominada a siete premios Oscar, incluyendo mejor película.

DÍAS SIN HUELLA, 1945

El film significó la consagración de Billy Wilder en Hollywood al ser nominada a siete premios Oscar y arrasar en la ceremonia obteniendo cuatro premios (Mejor película, Mejor Director, Mejor Actor, Mejor Guión Adaptado). Fue la primera película del cine estadounidense en tratar el drama del alcoholismo. Hasta el momento, la figura del borracho siempre había sido tratado en vis cómica; nunca se había adentrado en los problemas del alcohol y en su adicción.

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Para el papel protagonista se escogió a Ray Milland, un actor de comedia que nunca había tenido la oportunidad de trabajar partes dramáticas. Ray hace un papel inolvidable, una verdadera lección de interpretación en el que un papel tan difícil se convierte en sus manos en una joya impoluta. Ray hace de Don Birnam, un escritor fracasado que palia sus miserias con el consumo de alcohol. Durante cinco días, asistimos a su derrumbe, al mayor declive etílico al que se pueda llegar.

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La película es un drama con una línea muy cercana al cine negro y con ciertos toques del cine de terror. La escena de las alucinaciones en el hospital está brillantemente conseguida si tenemos en cuenta la edad del film. Es curioso que los dos mejores acercamientos al alcoholismo provengan de directores enlazados a la comedia: Billy Wilder con esta obra maestra y Blake Edwards con la desgarradora Días de Vino y Rosas, con una magistral actuación del que sería actor fetiche de Wilder, Jack Lemmon.

EL GRAN CARNAVAL, 1951 

Se trata de una de las películas más corrosivas de Billy Wilder,  lo cierto es que nunca tuvo la aceptación del público. El film trata acerca de la ambición, del ansia de protagonismo y poder, de la traición, de la insensibilidad. Son demasiados aspectos negativos que el humano encierra como para que la película sea simpática. La obra incomoda al espectador, lo pone frente a un espejo decadente, porque a nadie le agrada ver aspectos casi siempre escondidos en el interior.

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Charles Tatum (Kirk Douglas) es un periodista de poca monta, destacado colaborador de algunos medios gráficos de Nueva York. Llega, sin trabajo y casi en la ruina al pueblo de Alburquerque, en el estado de Nuevo México. Allí se ofrece a colaborar en el periódico local y su vida se convierte en la eterna espera de la ‘’gran noticia’’. Un día, al fin algo sucede: Leo Minosa, un lugareño de origen indio, queda atrapado en una mina. Tatum ve en el hecho su gran oportunidad y se aprovecha del asunto para dar el salto. Rescatar a Leo por los métodos convencionales puede llevar apenas unas horas, pero convence el sheriff, a la esposa de Leo y a otros personajes de que realizar el rescate desde arriba de la mina dará el tiempo suficiente como para llamar la atención de todo el mundo, permitiéndoles, sacar dinero de la situación. A él le dará la anhelada oportunidad de tener ‘’la gran historia’’ y contarla en exclusiva, hora por hora, día por día. Mientras, debajo de la tierra alguien lucha por mantenerse vivo.

La película está estructurada, casi exclusivamente, desde el punto de vista de Chuck Tatum, uno de los más desalmados personajes de la historia del cine. El personaje de Lorraine (Jan Sterling) propone la presencia en pantalla de una ‘’femme fatale’’ atípica, que progresivamente va mostrando su paralelo moral con el protagonista.

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Una crónica descarnada de unos individuos carentes de escrúpulos, esa prensa amarilla obsesionada con los grandes titulares llegando a deformar la noticia según su conveniencia. Nos recuerda a la prensa actual, ahora pasada a la televisión, que gana fortunas con programas alienantes buscando el sensacionalismo.

SABRINA, 1954

Sabrina es una de las historias de amor que mejor definen el cine de Hollywood, la cinta romántica por antonomasia. Si bien es cierto que la película no se acerca a los máximos parámetros de excelencia  a los que llegó Wilder en sus mayores obras, Sabrina pasa a la historia por ser una de las historias más bonitas y más imitadas del cine estadounidense.

El maravilloso reparto encabezado por una Audrey Hepburn recién galardonada con el Óscar por Vacaciones en Roma (1953), un Humphrey Bogart elegido a segunda ronda por órdenes de los promotores y tras no poder contar con el actor demandado por Wilder, Cary Grant (que hubiese pegado de forma más acertada con el papel), y otro actor fetiche del austriaco, Willian Holden, con el que contaría en El Crepúsculo de los Dioses (1950), Traidor en el Infierno (1953) o Fedora (1978).

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La jóven Sabrina (Hepburn) es la hija del chófer de una acaudalada familia, los Larrabee, y está perdidamente enamorada del hijo menor (Holden), la oveja negra, el jóven díscolo y sin responsabilidades. El padre le manda a estudiar a París, volviendo de allí como una encantadora mujer y logrando el interés de tanto el hijo menor como del mayor (Bogart), el hijo responsable que vive por y para la familia y la empresa.

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A pesar de un simple guión y de una fácil estructura, la mano de Wilder convirtió Sabrina en una joya de la comedia sofisticada. Ayudado en unas imprescindibles actuaciones de Audrey Hepburn y William Holden, la principal anécdota del rodaje de Sabrina está relacionada con el desapego que mostró Bogart en cada día de rodaje, comportándose de no buena manera tanto con Wilder como con el resto del rodaje. Bogart estaba completamente fuera de sitio: aceptó el papel porque su agente le convenció que una comedia mitigaría su imagen de tipo duro. Sin embargo, Billy Wilder, en las “Conversaciones con Billy Wilder” de Cameron Crowe, dijo que ya gravemente enfermo, Bogart pidió a Wilder que fuera a verle, pidiéndole perdón y reconociendo que le gustó mucho la película.

CON FALFAS Y A LO LOCO, 1959

Cuando el cineasta austríaco realizó esta película, ya contaba en su haber con varias obras maestras como Perdición (1944), El crepúsculo de los Dioses (1950), El Gran Carnaval (1951) y Testigo de Cargo (1957).

La película ha sido aclamada mundialmente como una de las mejores comedias jamás hechas (1ª en la lista de las grandes comedias de la American Film Institute y 14º en la lista de las 100 mejores películas americanas). La película ha sido considerada de ‘’significado cultural’’ por la Biblioteca del Congreso de Washington y seleccionada para su preservación en el National Film Registry.

Con faldas y a lo loco contiene homenajes a las películas de gángsters de los años 30, así como ciertas ironías sobre los Estados Unidos de 1929: divorcios de famosos, la seguridad de la Bolsa (que ese mismo año se derrumbó e inició una crisis económica) o la muerte de Rodolfo Valentino. Dos músicos, Josephine (Tony Curtis) y Jerry (Jack Lemmon), después de presenciar la matanza del día de San Valentín en la fría Chicago, deciden camuflarse como mujeres en una orquesta femenina, que viaja con destino a Florida, para escapar de las garras de la mafia del Chicago de la Ley Seca.

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Asimismo, la película destila una maligna visión del hombre desde el punto de vista femenino. La película nos cuenta cómo dos músicos en paro, se han de travestir para ser aceptados en una orquesta de mujeres. Este rol, para empezar, hará que conozcan el proceder del hombre frente al sexto, desde el lado opuesto, el de la mujer. Así pues, Lemmon será cortejado y propuesto en matrimonio por un viejo millonario, cosa que acabará asumiendo. Mientras, Curtis deberá volver a disfrazarse, esta vez de un rico e importante magnate del petróleo para conquistar a la vocalista de la propia orquesta, la mítica, pero aquí humilde e inocente, Marilyn Monroe.

A pesar de las mentiras y falsedades de ambas relaciones, en un final antológico, cada uno será aceptado tal y como es.

En el título original (Some Like It Hot) tenemos una doble significación, puesto que al decir ‘’algunos las prefieren calientes’’, no sólo se habla en sentido picaresco de la sensualidad y sexualidad que desborda la pantalla, sino también del tipo de música que ejecuta la orquesta de señoritas, variante del jazz denominada, precisamente, ‘’hot’’. Wilder, además, mete un tema nuevo en sus películas, la homosexualidad como caracterización de uno de sus personajes.

‘’Nadie es perfecto’’, la popular frase final dicha por Joe E. Brown, que interpreta a un añoso y simpático millonario que vive en una estrambótica relación amorosa con Jack Lemmon, pone fin a esta obra.

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