Ese país en pleno corazón de Europa

Durante el día de hoy me he parado a pensar en el protagonismo diario que se le da a nombres como el de Angela Merkel, Mariano Rajoy, David Cameron o el mismo Berlusconi… y la sombra que ocasiona este hecho sobre otros. Nombres que no venden, que nadie lee, que nadie recuerda. Nombres que nadie conoce por un motivo u otro pero que están ahí, aunque nadie les preste atención. Nombres como Hungría.

El país está enfermo y su política interna es escenario de una guerra civil entre sucedáneos de derecha y de izquierda, ambos carentes de arraigo histórico alguno. Pero este no es el verdadero problema, el verdadero problema empieza en su primer ministro, Viktor Orban, alguien a quien le encanta condecorar a destacadas figuras de la extrema derecha. ‘’Hay razones para tener miedo en Hungría. Está surgiendo en Europa un nuevo Estado de partido único. La nueva Constitución que patrocina el primer ministro no es más que su tapadera’’ sostenía el escritor y sociólogo, Gyorgy Konrad, a comienzos de 2012.

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Euroescepticismo, control estatal de los medios y una nueva Constitución que mezcla un romántico nacionalismo con la retórica cristiana, son los pilares de la Hungría que Viktor Orban construye a su medida. También, la condena a la homosexualidad, el ataque a los derechos de la mujer o la agudización de un virulento antisemitismo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Hungría era aliada de la Alemania nazi, entre 500 mil y 600 mil judíos húngaros murieron en el Holocausto judío. El Reino de Hungría basó su estrategia para salir de la Gran Depresión en el incremento del comercio con la Italia fascista y la Alemania nazi, lo que trajo como consecuencia un giro a la derecha de la política húngara. Además, mientras combatía contra la Unión Soviética, Hungría mantuvo negociaciones de paz secretas con los Estados Unidos y el Reino Unido: cuando Hitler descubrió su traición, las tropas alemanas ocuparon el país.

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Después de tantas décadas, en pleno siglo XXI, el antisemitismo se está haciendo más llamativo y fuerte en Hungría. ‘’Estamos viendo señales alarmantes no solo por parte de los que apoyan a Jobbik (el partido de la extrema derecha), sino también de los conservadores. Los insultos contra los judíos ocurren en la calle a diario, y son más frecuentes los ataques contra instalaciones judías, profanaciones en cementerios y monumentos’’, explicaba Peter Feldmajer, presidente de la Federación de Comunidades Judías en Hungría, para El País hace poco menos de un año.

La situación es tan preocupante como que en el mismo Parlamento, un diputado de Jobbik pidió que se elaboraran “listas de judíos” porque “suponen un riesgo para la seguridad de Hungría”. Mientras, el pasado 6 de mayo, ante más de 500 delegados, Orban, subrayó que “el antisemitismo es intolerable e inaceptable”. “Tenemos un deber moral de desafiarlo con una tolerancia cero”. Según el primer ministro, el antisemitismo es “más grave” en otros países y en Hungría su ascenso y el del racismo es “un resultado de la crisis económica”.

Hoy en día, en pleno corazón de Europa, la democracia ha caído, en medio de la indiferencia de los nombres mencionados al principio así como de la Unión Europea, ¿libertad, igualdad, paz y justicia?

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