El fin de un cruel legado

Ha llegado el momento que no pocos ansiábamos desde hace ya tres años. Por fin, el entrenador del Real Madrid José Mourinho abandona el club blanco, que se extirpa un cáncer crónico y fatigoso que le pasará factura durante un tiempo considerable

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No sería objetivo dudar si Mourinho sea o no un gran entrenador, aunque siempre con objeciones: Mourinho sabe cómo plantar un sistema defensivo, como recolocar a los jugadores ante el ataque del adversario y cómo trazar los movimientos de líneas. En eso es un experto. También lo es en las eliminatorias, cuyo plan fantástico consiste en sacar el máximo rendimiento del partido de ida para defender el resultado cual jabato en la vuelta.

De lo que no tengo absoluta duda es que Mourinho no sabe armar un plan ofensivo para un equipo, basando su táctica de ataque en confiarse en la suerte de sus buenos jugadores y en las jugadas individuales para salir airosos al final de los 90 minutos. Su intención es que no le marquen gol, y que algún gran jugador logre meter un par. Se ha demostrado en infinitud de encuentros que el Real Madrid no sabía qué hacer con el balón cuando contaba con él, y que la única táctica trazada era el contragolpe, que sí, salía perfecto, pero un equipo es grande cuando demuestra variabilidad a la hora de jugar un partido.

Se le reconocerá siempre que dotó a un equipo de mil y un altibajos de un componente competitivo del que carecía. De que puso en onda a los jugadores y que los hizo soldados. ¿Alguien imaginaba cuando llegó Cristiano al grupo verlo defender como uno más? Es una de las cualidades de Mourinho: el equipo entero al servicio del plan.

Sin embargo, cualquier hecho positivo tras su llegada queda enfangado en la mantra de deshonor, bajeza y actos mundanos que han destrozado la poca imagen de club señorial que le quedaba al equipo blanco. El acoso a los árbitros, a los periodistas, las ruedas de prensa presentándose el segundo entrenador, los partidos ante el Barça practicando catenaccio (felizmente enterrados, pero no fueron menos de cuatro encuentros), las múltiples quejas y estupideces afrontadas por este ser, lo único que han provocado es que el Real Madrid sea el equipo más odiado de toda España. Y en gran parte, tienen razón.

Mourinho deja a un vestuario dividido y deteriorado, donde hizo mil favores a los jugadores que venían bajo la protección de su representante Jorge Mendes, asistente a muchos entrenamientos del equipo. Ha destrozado jugadores tanto dentro como fuera del campo, como Pedro León, Sahin, Canales, Lassana, Altintop, y en esta última temporada, el mismo capitán y líder reconocible, Iker Casillas, o Sergio Ramos, al que culpó de los males del club en más de una ocasión. También el equipo técnico ha sufrido sus directrices, como la expulsión de Valdano en una petición de poder, o la relegación de Zidane, el niño mimado del presidente, a donde no pudiese encontrarse con él.

El verdadero culpable de que Mourinho haya hecho lo que ha querido con el Real Madrid es Florentino Pérez, quien repleto de miedo y deseoso de ganar un título a toda costa le legó máximos poderes y le permitió actuar a su libre albedrío, dejando de lado sus propias responsabilidades como presidente. Florentino cumple 10 años en el equipo madridista: desde los galácticos ha llovido mucho, concretamente ocho entrenadores y muy pocos títulos obtenidos. El horrible presidente Calderón, quien le sucedió y posteriormente precedió, dejó mejor legado en proporción que el presidente de ACS, ganando dos ligas en tres años de mandato.

Mourinho se va y como Aníbal, no dejará crecer la hierba tras su paso. La mayoría de los clubes donde ha entrenado tras su marcha han tardado años en volver a recuperar la senda del éxito. No hay que olvidar la salud del Inter de Milán al año después de obtener una Champions (que todavía mantiene), y los dos años de exilio que pasó el Chelsea por el desierto de la Premier.

Es evidente que un Real Madrid de costosos fichajes y de elevadas fichas necesita un entrenador que ponga orden, pero no a cualquier precio, aunque en el caso del equipo madridista directamente fuera un cheque en blanco. Ahora llegará Ancelotti, de fútbol parecido a su antecesor, de formas más nobles y silenciosas, y el papelón es significativo. Debe equilibrar un vestuario roto, una afición desesperada y luchar contra un Barça al que sus peores momentos se le están quedando atrás. El legado de Mourinho es todavía más cruel que su persona.

Lo mejor que le podría pasar al Real Madrid sería trazar un proyecto a largo plazo buscando un espíritu nuevo y duradero, que se base en un juego lustroso y de buenas maneras, potenciando tanto a la casa como a la cantera, e instaurarse en clima de tranquilidad y sosiego. Pero con Florentino no será posible, pues su ansia de éxitos le privará de ellos. Y dentro de uno o dos años, tocará escribir otro artículo como este. O incluso peor.

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