Soy McLovin, nena.

Como sabe toda persona que me conozca bien, el cine me encanta. Disfruto cada día de una película diaria, de diversa índole cada una, y como buen intento de cultureta, cuanto más clásica mejor. El día antes de escribir esta parrafada me deleité con la obra cumbre de Fred Zinnemann, Sólo ante el peligro, una de esas joyas inolvidables de la pantalla grande, con Gary Cooper exponiendo a través de su valor y honestidad el miedo y deshonor del pueblo al que él defendía. Sin embargo, hoy no voy a ir de listo y no me dispongo  a hablar de la maestría en la dirección de Howard Hawks, ni del humor negro desfasado de los hermanos Coen, ni voy a destripar los entresijos del cine de John Ford, ni siquiera voy a hablar de mi amado Billy Wilder, para mí el mejor director jamás visto (¿Habéis visto que afirmación más gratuita?).

Nada, hoy me dedicaré a hacer un alegato en favor de la que a mi juicio es una de las mejores comedias de los últimos años en el cine americano, Supersalidos. No huya, lector, una vez leído el título:  le prometo que merece la pena. Supersalidos se estrenó en 2007 dirigida por Greg Mottola (hoy día director principal de la sobrevalorada serie de Aaron Sorkin The Newsroom y, como un buen libro, no merece ser juzgada por su portada.

La comedia juvenil es todo un subgénero por si mismo. Quizá uno donde más se notan las costuras, y donde más fácilmente se envejece.  Nunca se ha caracterizado por ser un género repleto de profundidad y guiones de acero, se dejan sustentar por su humor y la caracterización de los personajes: cuando más personajes memorables tenga, o mayor capacidad humorística tenga uno, será mejor considerada para el público al que está ofrecida. A pesar de que yo diría Desmadre a la americana, en pleno 2013 la mejor representación de comedia universitaria es American Pie. 

Supersalidos no es una comedia de Woody Allen, ni mucho menos. No partimos de esa base. Tampoco es American Pie: es diferente. “Superbad” tiene personalidad propia y un desarrollo que, si bien en muchos momentos se sustenta gracias a los chistes de penes, tetas y sexo, esconde muchísimo más que cualquiera de sus semejantes.

SUPERBAD

La principal diferencia de Supersalidos con American Pie u otros títulos de la comedia juvenil es su trasfondo. Pocas veces en el género hemos visto una oda a la amistad tan humana, tan real y a ratos, tan profunda: ya solo el final de las escaleras mecánicas esconde mucha más complejidad que todos los títulos de American Pie unidos entre sí. La amistad entre los dos personajes protagonistas hace que el espectador tenga muy fácil reflejarse en varios de los comportamientos que estos llevan a cabo a lo largo de la película. La amistad de instituto, la unión que por momentos parece perdurable, una de las relaciones más puras a la que se puede llegar. Luego está la inmensa morriña por una época pasada que destila la película. Los dos guionistas, Seth Rogen y Evan Goldberg, tratan con mucho cariño y honestidad la vida en el último año de instituto. Hay muchos momentos en el film que despertarán el cariño y la nostalgia en el espectador. ¿Quien no ha mirado los senos de una compañera de instituto y ha retirado la mirada de manera forzosa al pensar que ella podría descubrirle? ¿Quien no se ha enfadado con un amigo porque este iba a otra universidad? ¿Y quien no se ha sentido atraído por una chica pero siempre ha pensado que está tan alejada de ella que no tiene ninguna otra opción? La simplicidad y naturalidad de la vida cotidiana que trata Supersalidos le aporta una profundidad con la que no cuenta ninguna de sus semejantes.

Luego está su validez como comedia, que al final es lo más importante de este tipo de películas. Siempre he sustentado que hacer llorar es muy fácil, pero que hacer reír es lo más difícil a lo que te puedes enfrentar en una pantalla. Todos lloramos por cosas parecidas, pero no todos nos reímos por lo mismo. Y Supersalidos es divertidísima. Los diálogos, que pese a tirar a lo gamberro, guarro y escatológico, están perfectamente hilados, exudan comicidad  y dinamismo. Los gags se suceden sin que lleguen a ser pesados: la cinta contiene algunos de los momentos más hilarantes que nos haya ofrecido el cine actual. Varias de sus escenas merecen pasar a la posteridad cinematográfica: Seth (Jonah Hill) explicando  a Evan (Michael Cera) su trauma infantil de dibujar penes sin parar, Seth imaginando como comprar alcohol en un supermercado siendo menor de edad, Fogell (Christopher Mintz-Plasse) enseñando a sus amigos el carné falso… los diálogos rayan a un nivel nada acostumbrado en este tipo de comedias. El desarrollo de la trama es inteligente y por si fuera poco, su falta de pretensiones la hace todavía más grande.

Otro acierto de Supersalidos: no cae en moralinas baratas. No intenta en ningún momento adoctrinar al joven granudo que la esté viendo, ni decirle lo malo que es el alcohol, lo mucho que tiene aprovechar su vida para bien y que por muy divertido que sea meter el churro en chocolate, el amor es la verdaderamente importante (puntos los que, por cierto, sí cae American Pie). La única consigna que la película intenta transmitir es lo puro y bonito que es la amistad. En ningún momento cae en el melodrama. No tiene momentos bajos. Su ritmo es frenético y cuesta arriba. Vamos, que lo tiene todo.

Las interpretaciones son bastante acertadas: los actores son novatos, pero cumplen, y de forma muy valerosa. Jonah Hill ya no es ningún desconocido, sobre todo después de su nominación al Óscar por Moneyball (y la segunda probablemente llegue por el nuevo film de Scorsese, que se estrena este otoño). Hill hace de Seth, un gordito bastante salido, autor de las mejores frases de la película y principal exponente de la trama. Michael Cera, al que hemos podido ver en Arrested Development o Juno, es Evan, el contrapunto a Seth: un joven tímido y algo soso que tiene al amor demasiado idealizado. Los dos son completamente diferentes, pero juntos se complementan a la perfección: reflejan la amistad honesta y sincera, el amor, por así decirlo, entre colegas, la lealtad y el honor que se tiene en una relación de colegas pajilleros. Y lo hace a la perfección. Por último, tenemos también secundarios de lujo, como la guapa y cada vez más famosa Emma Stone, en uno de sus primeros papeles reconocibles.

 

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Pero como todo lo bueno se deja para el final, aquí vamos hacia el verdadero punto de la película: Fogell. Aunque a decir verdad, ¿quien lo conoce como Fogell? Siempre será McLovin, el donante de órganos hawaiano. McLovin es el dios de la película. El chaval más friki y pringado del instituto se vuelve fundamental para la pareja protagonista al hacerse un carné falso, aunque sea de Hawai, diga que tiene 25 años y que solo tiene un único nombre. La historia de McLovin es la más divertida de Supersalidos, como bien apunta Peter Travers, crítico de Rolling Stone, “no recordarás los últimos diez ganadores del Óscar, pero nunca olvidarás a McLovin” Y es cierto. McLovin es uno de los mejores personajes cómicos que ha dado el cine en más de una década. Sustentado por la pareja de policías (Seth Rogen y Bill Hader) a los que camela y que deciden apuntarse con él a una fiesta nocturna, con McLovin acabaremos llorando de risa: si ya en su presentación nos apunta a ser el personaje definitivo, a la hora y media, después de mil gags a cada cual más divertido, acabamos con McLovin en el corazón. Fuerza McLovin. Todos somos McLovin.

Supersalidos es una de esas películas que marca una generación, que vista a la edad perfecta (entre 15 y 20 años) se mantiene en tu corazón durante muchísimo más tiempo. Un film generacional (sólo hay que ver la influencia que ha tenido en comedias venideras, como Project X) al que acudir cuando quieres volver a recrear una época a la que guardas más cariño que recuerdos. Una verdadera oda a la amistad, a la vida de instituto, a tener 17 años. Y sobre todo, una comedia divertidísima, más inteligente y trabajada que lo de que pueda parecer a simple vista. En lo suyo, una película verdaderamente notable, si no sobresaliente. No se la pierdan, estéis salidos o no, tengáis 17 años o no. Aunque si estás salido y tienes 17 años, estas tardando en darle un visionado.

 

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