Nos ponemos blandos: El amor en la gran pantalla (I)

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En el mundo del celuloide no hay nada que tire más que una historia de amor, de esas que las chicas ven acostadas en la cama con los ojos brillantes de principio y fin y que los hombres disfrutan a escondidas y posteriormente lo disimulan. A pesar de que es uno de los territorios más manidos y más tópicos del cine, a pesar de que su habitual bajeza de recurrir a la hipersensibilidad y a la cursilería empalagosa para buscar el apoyo fácil, el cine siempre nos ha regalado historias emotivas de buen nivel que hacen realzar la opinión de cada uno de nosotros sobre el amor.

Así, en la gran pantalla ha habido amores para todo tipo de público: para los aventureros, como en La Guerra de las Galaxias cuando Han Solo le espeta al “Te Quiero” de Leia un “Lo sé” que queda tan propio como auténtico, a los puramente románticos en esa playa donde una de las parejas más míticas del cine se dejaba bañar por la corriente, baja pero firme, en De Aquí a la Eternidad… En definitiva, el mundo del romanticismo parece nacido y creado para el mundo del cine.

A mí hay amores en el cine que me han sacudido la patata y que han hecho carraspear unas cuantas veces para soltar la garganta seca. Historias que no siempre tienen que tener un bonito final, pero que te hacen brillantemente partícipes de ellas. Aquí van unas cuantas que logran emocionar con facilidad, sin recurrir, en su gran mayoría, a trucos maniqueos burdos.

500 Días Juntos

Marc Webb, Estados Unidos, 2009

500 días juntos es el Diario de Noa para los hombres indies del siglo XXI. Destilando misoginia (sólo hay que ver a quien está dedicada la película para confirmarlo), narra el desamor entre un idealista romántico y una mujer nada afín a las ataduras (o eso, al menos, es lo que nos vende ella). La mujer sale algo mal parada del relato, mientras el espectador siente la máxima ternura por su personaje protagonista, interpretado por Gordon Levitt, y sus intentos de conseguir por fin el amor.  Ataviada con una banda sonora muy, muy hipstah, las conversaciones y las situaciones se convierten en demasiado sentidas por el público mientras avanza el metraje, ya que la gran baza del film es que juega con situaciones que todos nosotros hemos vivido alguna vez y que nos han hecho apretar los puños de rabia. Ideal para solteros románticos que no hayan encontrado su media naranja.

El Apartamento

Billy Wilder, Estados Unidos, 1960

La historia de amor más bonita, y a la par más misántropa que se haya filmado jamás. Todos tenemos a Wilder por un tipo cínico, que se dedicaba a reírse del mundo para no llorar con él. En esta historia del cruce entre C.C. Baxter, el enchufado oficinista que deja su apartamento a sus jefes para que puedan usarlo con sus queridas, y la ascensorista enamorada del mayor jefe de la empresa que siempre promete irse con ella, todo funciona a partir del momento en el que ella se convierte en una afín visitadora de la casa, sin que Baxter, enamorado de ella, sepa nada. En el que quizá sea el mejor guión jamás hecho en la historia del cine, Wilder nos hacía sentirnos como el pobre Baxter ante el aplomo del mundo. Es increíble que una historia tan cruda, sin ningún beso en pantalla, pueda apasionar tanto. De esos films que te hacen gritar a la televisión, levantarte del asiento y emocionarte de forma pura. Ideal para todos aquellos románticos puros que no quieran sentirse cursis.

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Once

Irlanda, 2007

Aunque lo primero que llama la atención es su estética, dejando bastante claro al espectador la poca financiación de la película (unos 130 mil euros en total), al poco tiempo este pequeño inconveniente no le causará la menor inconveniencia: Once nos regala una de las historias de amor más bonitas de los últimos años, mezclada con toques musicales, ya que el film trata sobre un joven irlandés que busca ganarse la vida con su guitarra, con el apoyo de una chica deseosa de que este pueda aprovechar su talento. Hora y media de canciones verdaderamente notables y de momentos muy románticos en ningún momento forzados. En su punto álgido, la mescolanza entre música y sentimiento llega a su climax con la figura de un piano, momento que el espectador,  ya tierno ante la historia, rompa del todo. Ideal para ver en pareja y soltar con ella unas cuantas lagrimitas.

Amour

Michael Haneke, Francia, 2012

He decidido introducirla por su actualidad, aunque no es una historia romántica al uso, ni mucho menos. Aunque si se piensa, nunca se ha visto tanto amor, del verdadero, en una película. Esta historia muy cruda y real sobre la recta final de dos octogenarios tiene alma de voyeur: el film se siente como si hubiesen agujereado la pared de una casa de ancianos y te dejasen observar su lento y amargo final. Trágico y bastante duro, pero a la par emotivo, pues las situaciones dadas en el film no dejan de tener un realismo que nos hará sentir la historia de forma cercana. En el apartado cinéfilo, las actuaciones son extraordinarias, resaltando a ella, Emmanuelle Riva, magnífica en su papel de enferma… quien sabe si terminal.  Nada ideal para un día triste o para una fecha cercana al fallecimiento de un familiar.

Up

Pete Docter y Bob Peterson, Estados Unidos, 2009

Up es una película de dibujitos, sí. Una película de Pixar, concretamente, y de aventuras. Dice mucho del cine actual que las secuencias más bellas y románticas en pantalla que se hayan podido contemplar en varios lustros sea en una película así, pero sus primeros 15 minutos cuentan con una belleza y una emotividad impropias de una película del género. La historia de amor entre dos niños aventureros, uno tímido y la otra alocada y extrovertida, se nos muestra en su avance hasta la tercera edad prácticamente sin diálogos, mezclando escenas de forma brillante mientras la música hace de narradora de la historia. Reconozco que yo, intento de paradigma del macho cabrío, solté unas cuantas lagrimas con estas secuencias y con su increíble belleza. Después, en el resto del largometraje, todos estábamos con el corazón en el puño con la historia del abuelete, riéndonos y siguiendo  sus fantásticas aventuras aún compungidos por la obra maestra que nos había sacudido al principio de la película. Ideal para aventureros sedientos de expediciones compartidas.

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La Vida es Bella

Roberto Benigni, Italia, 1997

Podría entender que la introducción de este film en esta entrada resulte un tanto manida, pero debemos de admitir que hasta los cinéfilos de pro se conmovieron con los sucesivos “Buenos días, princesa” que Benigni, judío italiano y pobre en el film, le dedicaba a su amada de clase alta a la que desesperadamente buscaba llamar la atención, ante el asombro y la admiración de ella, y de todos los espectadores. Es fácil dividir a La Vida Es Bella en dos actos: la peculiar y divertida historia de amor que ocupa la primera hora de película, y la trágica y cruenta historia de amor familiar que ocupa la segunda, donde nos adentramos en los crueles paradigmas de la Segunda Guerra Mundial, tratados con una frivolidad seca que nos hiela el aliento. En las dos, un histriónico Roberto Benigni logra que no nos cansemos de su rápida cháchara, quizá incómoda al principio del film, y acabemos completamente conmovidos por sus actos y su modo de vida, y sobre todo, por su amor capaz de mover montañas y de resistir… hasta a un campo de concentración nazi. Una película jamás de hacerte reír y congelarte la sonrisa al minuto, con escenas que te erizan el vello y que permanecen en tu recuerdo para siempre.  ¿Qué ataque de inspiración tuvo Benigni para regalarnos un artefacto así?  Ideal para  quienes busquen el amor más puro de todos.

Lost In Translation

Sofía Coppola, Estados Unidos, 2003

La hijísima de Francis Ford Coppola se lució en un film no apto para todos los públicos debido a su estilo, a ratos, demasiado moderno y muy autoconsciente de sí mismo.  No es de extrañar, pues el tremendo modernismo al que recurre esta directora en el resto de su filmografía se puede hacer tan odioso (Maria Antonieta) como repetitivo (Somewhere). Sin embargo, aquí todo funciona en una historia cuanto menos sorprendente: la amistad en unas vacaciones en Japón entre un famoso y reputado presentador de televisión interpretado por Bill Murray y una joven estadounidense, interpretada por una Scarlett Johansson nunca más natural y nunca más atractiva. La virtud de su premisa es la naturalidad y la química que desprenden la pareja protagonista, descubriendo así la enorme conexión que presentan entre ellos. Brilla en el roce, en la caricia: busca plasmar en pantalla algo que mucha gente siente pero que es muy difícil de expresar o explicar. No soy ni seré fan devoto de Sofía, pero insisto: aquí lo hace especialmente bien. Una historia atípica muy conseguida. Ideal para amantes de los amores conceptuales.

Manhattan

Woody Allen, Estados Unidos, 1979

La clave de Manhattan es que Woody Allen juega con las historias de amor: como en cualquier película de la pareja Allen – Keaton, el amor no es fructífero ni lleva a situaciones de fácil manejo, pero en esta dejan el tema del conflicto amoroso abierto en Annie Hall en unos límites de veracidad insospechados. Los traumas y los problemas de una pareja aparentemente intelectual están tan brillantemente trabajados que en un inicio pueden llevar a engaño. Allen, tan desdeñoso y cínico al más puro estilo Wilder, se guarda uno de los pocos mensajes optimistas de su carrera para el final de la película, en el momento más romántico y tierno de todo el film, a la par del momento que al principio menos esperas. Una disección del lado más fatídico de una pareja genialmente hilada, resaltando especialmente su apertura, una verdadera obra maestra, y su cierre operístico. Ideal para intelectuales recelosos de amar.

Manhattan

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