Hasta siempre, Pedro Jota.

Los días de vino y rosas han acabado para el último dinosaurio periodístico que se mantenía al margen de la politización de los medios conservadores. Pedro Jota Ramírez, director de El Mundo desde los 28 años, anuncia su cese definitivo del diario que él mismo creó y levantó. Para la historia quedan múltiples exclusivas y la disputa por el liderazgo informativo en prensa a El País.

Los motivos para su cese son confusos: por un lado, se habla de desavenencias económicas con los dueños del periódico, la empresa italiana RCS Mediagroup, ya que no en vano El Mundo se había convertido en una fuente de disgustos presupuestarios, con un ERE a cuestas y con el grifo cerrado  de la publicidad institucional, unos 18 millones de euros de dinero público que el PP reparte, prácticamente a dedo, por los medios que le son afines para facilitar su control.

Pedro Jota se había granjeado muchas enemistades en los últimos años. A fin de cuentas su periódico se había convertido en el mayor azote del gobierno. No hace falta más que comprobar las portadas de los últimos meses para constatarlo. Liderando las revelaciones del caso Bárcenas, en especial aquellos mensajes telefónicos entre el propio Bárcenas y Mariano Rajoy (“Luis, sé fuerte”),  destapando conflictos internos en el Partido Popular, incluso apretaron a la Casa Real. Al final, el Partido Popular se ha vengado apartando las subvenciones anteriormente referidas y dirigiéndolas al ABC.

A pesar de que podríamos referirnos a Pedro Jota Ramírez como una víctima política, no hay que olvidar de qué tipo de personaje estamos hablando. Pedro Jota, como dijo una vez Iñaki Gabilondo, “Sería el mejor periodista de España si únicamente se dedicase al periodismo”. Pocos tan capaces de olisquear una noticia como Pedro Jota, pocos tan capaces de apostar por el periodismo de investigación como Pedro Jota y muy, muy pocos que puedan vender tan bien un producto como él. Pero también es, y ha sido, un hombre sin escrúpulos, completamente vendido a la noticia, más cercano a la extorsión periodística que al periodismo en sí. En la retina de todos están los intentos de emparejar el mayor atentado jamás ocurrido en España, el 11-M, con ETA, braceando en el fango sin ningún sentido más allá de salvar el trasero de José María Aznar. En El Mundo hemos visto noticias inventadas, cotas de sensacionalismo dignas del mayor panfleto amarillista británico, falsos testimonios, montajes lunáticos y mezclar firmas de calidad con otras realmente esperpénticas (Salvador Sostres entre los principales articulistas, no lo olviden).

Por otro lado, su cese es una muy mala señal. Nunca es buena señal que los poderes fácticos se carguen a una voz crítica, capaz de denunciar sus males y no doblegarse ante ellos, pese a la presión política o que le rinda de pasado mil cuentas, Pedro Jota ha sido un director de diario muy suyo para lo bueno y para lo malo. Su pérdida retira de la escena a un peso pesado del periodismo, el último que quedaba de una vieja guardia no tan antigua, y queda en la duda qué pasará con El Mundo, si será otro medio completamente controlado por el gobierno como ABC o La Razón o seguirán a su aire, considerándose liberales pero azotando a quien sea con tal de vender más periódicos. Ya sea Felipe González o Mariano Rajoy. Solamente el futuro nos dirá cuanto hemos ganado, y cuánto hemos perdido.

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